| 'Revolution': un premio bajo llave |
| Escrito por Julio Franco | |||
| Sábado 13 de Marzo de 2010 00:00 | |||
![]() Cartel del certámen de Nuevos Realizadores. (DDC) Fue un final de película y la censura sólo atinó a lo que mejor sabe hacer: usó las tijeras para no publicar en los medios la noticia, pero el hecho de que un concurso cinematográfico oficial decidiera conceder más de un premio al documental Revolution permite un par de preguntas dramáticas para el poder: ¿Dónde están las garantías ideológicas de las instituciones? ¿Es tal la crisis que las propias instituciones legitiman discursos abiertamente subversivos? Revolution "es una pedrada sobre el tejado de vidrio del sistema", dijo alguien a la salida del 23 y 12, la sala habanera donde se exhibieron las obras concursantes, sin mucho público y apenas promoción, salvo las pegatinas en los cristales del cine. Acre, directo, destemplado, a ratos plásticamente hediondo y por momentos políticamente panfletario, el corto dirigido por Mayckell Pedrero, parece emular en lenguaje con los textos de los propios músicos que filma. Lo soez campea, porque la realidad lo es más. El filme comienza con una cita de Che Guevara: "El único sentimiento más grande que el amor a la libertad es el odio por aquel que nos la niega" y casi en el cierre espeta, sobre una banda de silencio, una de José Martí: "La verdad una vez despierta no vuelve a dormirse". La distancia recorrida entre una y otra máxima se satura de diatribas. Con Los Aldeanos no hay rodeos. "¿Entonces quién es contrarrevolucionario, alguien que está abogando por el cambio o alguien que te tiene hace cincuenta años detenido en el tiempo?", dice El B, Bian Oscar Rodríguez Gala, citando previamente el concepto de revolución enunciado por Fidel Castro en 2005, pero sin pronunciar el nombre del líder comunista. El hermanastro de El B es Aldo Roberto Rodríguez Baquero, El Aldeano. En el filme aparece sentado sobre el césped aledaño a la Plaza de la Revolución de La Habana. La ferrosa silueta de Guevara en la fachada del ministerio del Interior hace de telón de fondo. "Ahora lo más triste que tenemos nosotros es la falta de principios y de moral que nos han obligado a tirar por el barranco. Nosotros hablamos la realidad cubana y sí es crítica social y es nuestra manera de hacer revolución", asegura calmado, exhibiendo un torso surcado de tatuajes y unas trenzas enfundadas en un pañuelo blanco. Avales profesionalesEl documental no hace la historia de Los Aldeanos, nacidos en 2003 en el vecindario de La Palma, oeste capitalino, ante una audiencia pavorosa: cinco personas. Más bien destapa la trayectoria más reciente, sus contadas presentaciones en la radio y la televisión, las prohibiciones de que han sido víctimas en espacios públicos y su inclusión en el concierto de Pablo Milanés, en 2008, en la Tribuna Antiimperialista de La Habana. "Están haciendo un trabajo excelente. En su especialidad, para mí son los mejores. Se han preocupado por la realidad social de nuestro país, que también tiene problemas y determinadas crisis y ellos las expresan de una manera muy inteligente", evalúa en la película el célebre trovador, quien públicamente ha sostenido criterios urticantes para el gobierno. En la cobertura analítica del filme aparece Roberto Zurbano, director del fondo editorial de Casa de las Américas e investigador preocupado por los asuntos raciales en la isla, así como por las nuevas mentalidades. "Ellos [Los Aldeanos] cambian el deseo de insertarse en las instituciones, por una alternatividad, mercado y autonomía propias. Fundan un discurso muy radical", dice este intelectual, para quien el dúo se apropia de un lenguaje punk para poder "decir malas palabras" y "hablar mal del rey, del papa, del presidente, del ministro, que incluso puede llegar a una mentalidad irresponsable, para no decir reaccionaria, porque en algún momento ese lenguaje crítico y radical se convierte en antisistémico". "Ya no se va el gas/ tampoco quitan la luz/ el transporte mejoró/ los salarios subieron/ los precios bajaron/ y ya el rap lo promovieron/ nuestras formas de pensar/ nadie las invade/ se puede ir a los hoteles/ y cuando dices la verdad/ a piñazos ya nadie te muele/ los cubanos no se quedan en el extranjero/ y sin robar ya se puede tener lo que queremos/ la moneda nacional está por encima del euro/ y no solo los hijos de los pinchos ven el cartoon network,/ la gente no discute/ no se mata/ no hay cola/ y cuando las hay nadie se maltrata/ el jefe del sector no es corrupto/ sabe diferenciar lo injusto de lo justo/ es un sueño difícil de lograr/ no por ello dejaremos de luchar", dice una de las canciones que aparecen en la cinta. Lectores de la realidadLos Aldeanos, hostigados por la policía y por grupos paraoficiales, así como detenidos esporádicamente, insisten que toda su música —han grabado artesanalmente más de veinte cds en un estudio casero de una zona suburbana— es una lectura auténtica de la realidad. "Y no tenemos miedo en decir las cosas, nosotros no estamos matando gente, ni estamos poniendo bombas en ningún lugar, ni estamos haciendo terrorismo, estamos haciendo música y estamos diciendo la verdad, nada más que eso", alega El B. Sin embargo, la prensa oficial, en la única hasta ahora reacción al documental, opina que Los Aldeanos son meros polichinelas de Miami, donde "nuestros enemigos no tienen distingos entre mercenarios a sueldo o inconformes ingenuos e irresponsables. Cualquiera les sirve, siempre que entonen las notas descritas en la pauta contrarrevolucionaria". Dos días después de los premios en la novena Muestra de Jóvenes Realizadores, el periodista Miguel Fernández, de la Agencia de Información Nacional, omitió los lauros obtenidos por la película de Pedrero —mejor documental, mejor dirección y mejor edición, así como varios galardones colaterales; de la Asociación Cubana de la Prensa Cinematográfica y de la Facultad de las Artes de los Medios de Comunicación Audiovisual del Instituto Superior de Arte— y dispuso las líneas rojas. "Los espacios difusivos que la Revolución y el Estado cubano ponen en manos del pueblo, no pueden ser usados para atacar de manera inmisericorde un proyecto que, aunque imperfecto, supera con creces en humanidad y en dignidad, a los espejos en que se miran los hipercríticos", sentenció Fernández, cuya nota no fue reproducida por otro medio escrito. En el sitio web del certamen tampoco pudo hallarse el acta del jurado, presidido por el director Ernesto Daranas, cuyo film Los dioses rotos, que competía por una nominación a los Oscar este año, es una crónica del bajo mundo en La Habana del presente. Los triunfos de Revolution coincidieron con un escenario extremadamente estresante para el gobierno: las críticas internacionales por la muerte del preso Orlando Zapata Tamayo, quien mantuvo una huelga de hambre por más de ochenta días que desató otras huelgas en curso. "Los premios pueden traer más cerrazón a Los Aldeanos y más recelos hacia el hip hop en Cuba", aventuró un participante en la muestra. De cualquiera manera, las canciones de estos raperos no pasan en la radio, pero no es difícil que grupos de jóvenes las escuchen en sus ipods o las canten a viva voz en los parques o las guaguas gracias a un mercadeo de mano en mano. "Las audiencias definen al artista y dictan que es auténtico o no y obviamente podemos decir que Los Aldeanos lo son, no por lo que hacen ellos, sino por las reacciones humanas", considera Melisa Riviere, quien representa a los músicos en el extranjero y se ocupa de su promoción. "No hay ningún grupo de hip hop que esté produciendo con la cantidad y calidad con la que lo hacen ellos", dice la publicista. Y esa avalancha traerá más polémica. Sólo hay que mirar idénticos tatuajes en los antebrazos derechos de Los Aldeanos: El rap es guerra, rezan en cursiva.
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