| A prudente distancia |
| Escrito por Andrés Hoyos | |||
| Miércoles 28 de Julio de 2010 20:12 | |||
![]() Soldados americanos ante una de las miles de obras halladas en la mina de Merkel, escondidas allí por los nazis (en la foto: In the winter garden, de Manet). Lord Keynes, inventor de las políticas anticíclicas que los gobiernos usan para paliar crisis económicas muy graves como la de 2008, asimismo lideró y presidió al final de su vida el primer consejo para las artes que hubo en el mundo. Corría el año 1946 e Inglaterra estaba arruinada tras la Segunda Guerra Mundial, lo que no obstó para que Keynes sugiriera que invertir en las artes era una prioridad. También dijo famosamente que esta inversión debía hacerse desde una prudente distancia (at arm’s length), dejando las decisiones de contenido en manos de figuras prominentes del sector. La salvedad impuesta por Keynes, que a algunos nos parece obvia, parte de la vieja desconfianza que existe entre los artistas y el Estado. Un artista para serlo requiere de un cierto anarquismo mental y muchas veces sospecha, con razón, que la cercanía oficial sirve para que lo usen con fines propagandísticos o como simple soporte del status quo. El Estado, en contraste, es partidario de la arquía, por así llamarla, para la cual los díscolos y los preguntones constituyen un fastidio. Quizá el asunto se entienda mejor por sus consecuencias: lo común es que quien tiene gran habilidad y conocimiento para moverse en las esferas de la alta política no tenga las mismas cualidades a la hora de reconocer las vetas artísticas más importantes y novedosas. Convengamos, además, que esta carencia no se soluciona fácilmente con asesores, pues el mundo de las artes está lleno de falsos "expertos". La viceversa también opera, ya que es muy raro que un artista de mérito admita que lo pasen por las horcas caudinas de la selección burocrática. Como al Estado no le gusta admitir ni su ignorancia ni sus limitaciones, la salvedad de Keynes dista mucho de ser universalmente aceptada, hasta el punto de que con el paso de los años se han decantado en Occidente dos tendencias en lo que atañe a la relación del Estado con las artes. Está la tendencia napoleónica, encarnada con brillo en su momento por André Malraux, que ignora las advertencias de Keynes y permite que el Estado decida en forma directa qué vale y qué no, a veces consultando como por no dejar con los que sí entienden del tema. Esta es la tendencia que ha predominado en Colombia, pues nuestro Ministro de Cultura no está obligado a tener en cuenta la opinión de nadie, como por ejemplo no la tuvo la saliente titular, Paula Moreno, al relegar las artes a un segundo plano (hizo, sí, muchos conciertos) para dedicarse a fomentar la diversidad multicultural pluriétnica —y uso sus palabras—. Me dirán, con razón, que cualquiera de las dos tendencias requiere de dinero para poder tener efectos tangibles, así éstos no sean los deseables, y que el enanismo presupuestal del Ministerio de Cultura en Colombia torna casi irrelevante la discusión. Estoy de acuerdo: los recursos del ministerio local son muy escasos, así que su acción en últimas no beneficia ni daña significativamente a nadie. El año pasado habían subido el presupuesto a 90 mil millones —nada del otro mundo, aunque sí un aumento real—, pero el regalo de despedida de la burocracia económica del gobierno saliente es un anteproyecto para bajarlo a 72.000 millones en 2011. El 7 de agosto entra a ejercer un nuevo Ministro de Cultura. Dudo mucho que el elegido esté enterado de la salvedad keynesiana y, más todavía, que se atreva a plantear el debilitamiento de su poder que ésta implica. [ En http://www.elespectador.com ]
|
| Torturas de Castro adminpdc 19.8.2010 |
| Los muertos de Castro adminpdc 19.8.2010 |
| Los guardianes de Chávez adminpdc 15.8.2010 |
| Debate sobre Cuba en "A mano Limpia" (16 de junio) adminpdc 19.6.2010 |
| Más represión contra las Damas de Blanco egandalph 18.3.2010 |