| Una filmación accidentada |
| Escrito por Fausto Canel | |||
| Jueves 02 de Febrero de 2012 22:37 | |||
![]() Carol Reed, Graham Greene y Alec Guinness durante el rodaje. Graham Greene, Cabrera Infante, Hemingway, Carol Reed y la censura: del rodaje de 'Nuestro hombre en La Habana'.Afuera la tarde se ocultaba en el Golfo mientras que yo, en el vestíbulo del hotel Capri, esperaba fumando. La prensa internacional hablaba del más importante y caro equipo de actores y técnicos reunido en Cuba para rodar Nuestro hombre en La Habana. Ya llevaba casi una hora aguardando. Dos "rebeldes" de verde-olivo y barba entraron en el hotel, torcieron a la derecha, abrieron las cortinas de terciopelo rojo y penetraron en el Casino. Apenas cinco meses antes, George Raft se paseaba entre aquellas ruletas y mesas de baccarat para entretenimiento de turistas estadounidenses. Ahora los dados no rodaban ni las ruletas giraban y los turistas habían desaparecido. Fue entonces que comenzaron a salir las estrellas. Afuera en la noche —pero también en el lobby. Primero fue Alec Guinness. Blanco de cuerpo entero. Aunque no de traje blanco, como en aquella película de 1951 que lo había puesto en la mirilla favorable de la crítica. Este inglés en La Habana iba de camisa ligera blanca de mangas largas, pantalones blancos de hilo y zapatos también blancos. Casi una promesa. Pero más que una promesa, la carrera de Alec Guinness era ya una realidad en alza. Guinness se había hecho notar en Kind Hearts and Coronets (1949), con sus ocho papeles diferentes, incluyendo a una mujer. Luego hizo del católico padre Brown, de aristócrata en El cisne, de inflexible oficial inglés en El puente sobre el río Kwai, y también de Carlos I en Cromwell, entre otros personajes memorables. Nuestro hombre estaba llamada a ser su consagración después de su Oscar, un año antes, por Kwai. Hoy se le recuerda por su interpretación de Obi Wan Kenobi en La guerra de las galaxias. El 1% de los ingresos de taquilla que le otorgaron por su participación en la cinta les sigue proporcionando a sus herederos más dinero que todas sus otras películas juntas. Guinness avanzó ligero hacia la puerta del hotel y ni un segundo me dio de pedirle su opinión sobre los problemas que la filmación venía teniendo con la Dirección de Orden Público. The Washington Post había sido el primero en publicarlo: "Confisca el gobierno cubano el guión de una cinta inglesa". La revista Cine Guía me había pedido un reportaje. Luego fue Graham Greene el que salió rápido del elevador —alto, delgado, ágil y deportivo, pero con sus 54 años bien visibles. Autor del libro en que se basaba el guión de la película, que él también había escrito, se acercó al puesto de periódicos en el vestíbulo, comprando cinco o seis. Las noticias como droga, me dije. Luego salió de escena con la misma rapidez con que había entrado. [ Leer más ]
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... y la soledad suelen provocar desenlaces inesperados.
Nuria, una atractiva psicóloga cubana de cuarenta años, es la mujer del Coronel Arturo Gómez, quien se encuentra al frente de sus tropas en Angola. Ella nunca se imaginó que un breve viaje a Italia, donde acude a dictar una conferencia, cambiaría su vida. Allí, Nuria conoce al profesor Martinelli y los dos se pierden en un juego cargado de erotismo y sensualidad.
A cada encuentro amoroso le seguían cartas eróticas que Nuria pensó había destruido. Nunca pudo suponer que esas cartas caerían en manos de la contrainteligencia cubana.