Recordando a un amigo
Escrito por Daniel Shoer Roth   
Domingo 08 de Mayo de 2011 22:34
Juan Pablo II ante el Muro de las Lamentaciones

Juan Pablo II ante el Muro de las Lamentaciones

Con la beatificación del papa Juan Pablo II hoy por su sucesor, Benedicto XVI , en la Plaza de San Pedro en Roma, cientos de millones de católicos celebran los 27 años de ministerio apostólico de este modesto seminarista polaco que llegó a rebelarse contra las injusticias y las desigualdades.

La efeméride evoca su permanente afán viajero para pilotar la nave de Cristo por los escondrijos del mundo, su labor para modernizar las estructuras católicas, su papel protagónico en la diplomacia mundial; su alianza eterna de amor con la humanidad.

Para un grupo mucho menos numeroso, la celebración adquiere otro matiz.

Para nosotros, los hijos de Israel o "hermanos mayores en la fe", como Juan Pablo II nos llamaba, la beatificación nos hace recordar al Pontífice con espíritu osado para efectuar una revisión histórica y autocrítica del pasado de la Iglesia Católica y, al hacerlo, propiciar la reconciliación judeocristiana tras dos milenios de hostilidad.

Por eso los judíos atestiguamos muy de cerca esa grandeza que hoy, a seis años de su deceso, lo hace merecedor de la beatificación.

En el sur de la Florida, ese legado se reflejó en su histórica reunión con 175 líderes judíos el viernes 11 de septiembre de 1987 en el Center for the Fine Arts, en el downtown de Miami. Era la primera vez que un Santo Padre se reunía con judíos en suelo americano. Un año antes, el Papa había abierto una nueva era en el diálogo interreligioso al visitar la Gran Sinagoga de Roma.

Juan Pablo II se presentó con documentos antiguos, manuscritos de libros eruditos religiosos en hebreo y arameo, y artefactos hebraicos del Museo del Vaticano, comentó el rabino Solomon Schiff, quien sirvió como enlace entre las comunidades judía y cristiana en la preparación del encuentro.

"Me impresionó que usó los términos en hebreo shoá, que significa el Holocausto, y teshuvá, que significa arrepentimiento", recordó Schiff. "Cuando usas el lenguaje de otra persona significa que sientes empatía por sus sentimientos".

Provenientes de distintas regiones de Estados Unidos, los líderes judíos le expresaron tres deseos: que reconociera al Estado de Israel, reprobara el antisemitismo y manifestara arrepentimiento por el hecho de que los católicos no hicieron suficiente para salvar a los judíos durante el Holocausto.

En los años siguientes cumpliría los tres. En 1994, estableció relaciones diplomáticas entre la Santa Sede e Israel, y reconoció al país como nación judía. En 1998, publicó el documento vaticano Nosotros recordamos: una reflexión sobre la shoá, que hizo un llamado al arrepentimiento por los cristianos que "constataron con horror la desaparición de sus vecinos judíos, pero no tuvieron la fuerza suficiente para elevar su voz de protesta".

Y en el 2000, poco antes de su memorable peregrinación a la Tierra Santa – todos lo recordamos orando frente al Muro de los Lamentos -, pidió absolución por la postura de la Iglesia hacia los judíos durante dos milenios en los que fueron expulsados, confinados, deportados o masacrados en países y reinos cristianos.

Juan Pablo II fue elegido a hacerlo por el dictado de la Providencia.

En su juventud, Karol Jósef Wojtyla había luchado contra el fascismo y cuando fue ordenado sacerdote, el rito se llevó a cabo en la clandestinidad. Como trabajador, rechazó el amargo sabor del comunismo, lo cual lo haría alzar su voz contra las desigualdades sociales y las dictaduras e inspiraría su famoso lema: "¡No tengáis miedo!"

Pero fue su contacto con una vibrante vida comunal hebraica desde sus primeros años de vida en su natal Wadowice - una pequeña ciudad a 50 kilómetros de Cracovia - lo que le permitió a Wojtyla, que ascendería al trono pontificio en 1978, forjar lazos indelebles con vecinos de distintas creencias.

Su amigo más cercano en la infancia fue un niño hebreo, Jerzy Kruger, quien sobrevivió el Holocausto y mantuvo su relación con el Pontífice toda la vida. Esa amistad evidencia que Juan Pablo II no tuvo que sobreponerse a ningún prejuicio para extender su cáliz al pueblo hebreo.

Poco antes de morir, recibió en la Santa Sede a una delegación de rabinos para celebrar el 40mo. aniversario de Nostra Aetate, la declaración histórica que exoneró a los judíos de la supuesta culpabilidad colectiva por la muerte de Cristo.

" Shalom alejem", les deseó el Papa al despedirse, usando el tradicional saludo que significa "paz para ti".

Hoy domingo, para millones de católicos Juan Pablo II es beato. Para los judíos, es santo.

[Articulo publicado el 30 de abril]


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