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La Iglesia, una marcha de objetores de conciencia
Escrito por Xabier Pikaza Ibarrondo   
Lunes 23 de Noviembre de 2009 13:17
Índice de Artículos
La Iglesia, una marcha de objetores de conciencia
Dos propuestas. Jesús y Pedro
Hacer la paz, no simplemente las paces
Optando por la insumisión
La Iglesia y la insumisión militar. Del Vaticano II a Benedicto XVI
Benedicto XVI. Una propuesta desde el sistema
El riesgo de una Autoridad Política Mundial
La Santa desobediencia
Todas las páginas

angleswr8...Aquí digo lo que pienso que deberíamos hacer los cristianos, como Iglesia (no los estados en cuanto tal, aunque alguna vez hayan podido llamarse cristianos).

Los estados de este mundo, los dueños del sistema tienen que apelar a las armas (con ejércitos, terror) para mantenerse. Pero, desde una perspectiva cristiana, una paz armada no es paz, sino violencia establecida. Desde ese fondo digo que “el tren de la paz de Jesús”, que es la iglesia, ha de ser un tren de personas que renuncian a la guerra, una comunidad de desarmados insumisos, objetores de conciencia.

La Iglesia como tal debe renunciar no solo a las armas, sino a toda forma de defensa armada y a todo pacto de colaboración con los poderes militares (no con los soldados en cuando personas). Esta huelga militar ha de ser consecuente, invirtiendo así una larga praxis de pactos de la Iglesia con los estados llamados “cristianos”. Sólo allí donde unos hombres, como los cristianos consecuentes, empiecen renunciando unilateralmente a la guerra podrá superarse toda guerra.

 Éste es el tema que ahora desarrollo, en un post nuevamente largo. Pero quiero dejarlo así, para que los lectores que quieran estudiar el tema con más extensión y profundidad puedan hacerlo. Divídanlo, si quieren, en dos partes, que vienen marcads en el texto.

Éste es un post temático y polémico, en el que me atrevo a disentir de algunas tendencias de Magisterio Católico moderno, que habla de paz, pero en el fondo sigue defendiendo unas estructuras sociales vinculadas con los poderes fácticos, que son inseparables de la violencia.

De esta forma, partiendo del evangelio, elevo una especie de “reserva” ante el conjunto de la práctica social de la Iglesia Oficial, que habla de paz, pero que no llega a ser radical en sus planteamientos de búsqueda de paz, en la línea de Jesús.

Es muy posible que mis reflexiones (que, por cierto, reasumen y repiten ciertos temas que he venido presentando en ese blog) susciten el aburrimiento de algunos (¡son muy largas!) y el rechazo de otros (¡son utópicas, innecesariamente críticas y atrevidas!). Pero las dejo ahí, por si alguien quiere. Las dejará dejaré “colgadas” un tiempo más largo, por dos o tres días, este comienzo de semana que está al final del año litúrgico.

 

En tiempo de Jesús, existía en Israel un ejército de ocupación romano (en Judea y Samaría), con una milicia autónoma pero subordinada (de Herodes Antipas en Galilea) y una guardia paramilitar del templo (en Jerusalén). Al lado de eso había grupos de judíos nacionalistas, dispuestos a elevarse en armas contra Roma, creando su propio ejército celota. Pero Jesús no formó parte de ningún movimiento armado legal o no-legal, no sólo porque en su tiempo no había un ejército celota propiamente dicho, sino porque su ideal mesiánico no era de tipo militar, sino de transformación social, aunque le hizo matar el representante del ejército de Roma.

 



 

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