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Los prejuicios, los lugares comunes, las reservas y las desconfianzas son invenciones humanas. La Historia, la verdadera, con mayúscula, anda por otro lado. Si usted pasea por el distrito cuarto de París, por la ribera derecha del Sena, frente a las hermosas fachadas, a los imponentes portones de la isla San Luis, encuentra una callejuela y una flecha que indica la cercanía del Museo de la Shoá. No tengo tiempo de entrar al Museo, que exige, me dicen, para la visita, un buen estado de equilibrio nervioso, pero paso y doblo a la izquierda por la ahora llamada Alameda de los Justos. Estamos en el centro del llamado Marais, del Pantano, terrenos ganados para la ciudad en el siglo XVII, durante la regencia y después el reino de Luis XIII, el segundo de la dinastía francesa de los Borbones. No hay álamos en esta alameda, pero en el largo muro de piedra del lado del sur hay una lista nutrida de nombres. Son los justos, los que no pertenecían al judaísmo, pero por sentido de justicia, por sentimientos de generosidad, de solidaridad humana, ayudaron a salvar a judíos, muchas veces con riesgo de sus propias vidas, durante los años de la ocupación nazi. El caso más conocido, a través del cine, es el de Schindler y su lista.
Pero entre los nombres anotados en este muro, bajo un año bastante reciente, figura una María Errázuriz, con el apellido mal escrito (Errazzuriz), y sigue la palabra París. Uno piensa de inmediato en Madame Errázuriz, doña Eugenia Huici, que fue heroína en materias de arte, amiga y mecenas de Picasso, conocida de Erik Satie, de los directores de los Ballets Rusos, de muchos otros, pero la época no coincide. Eugenia Huici, mujer, según entiendo, del pintor José Tomás Errázuriz, amante, según las malas lenguas, de Pablo Picasso, era de una generación anterior. Y si uno averigua un poco más, y tiene personas amigas con quienes informarse, llega a la conclusión de que la mujer anotada en el muro es María Edwards Mac Clure, casada en primeras nupcias con un señor Errázuriz y, por lo tanto, conocida en Francia por el nombre de su marido.
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