La mejor salida para la crisis de Honduras es la realización de las elecciones del 29 de noviembre, por tanto, la misión de las fuerzas democráticas consiste en resistir los embates del frente chavista y garantizar una contienda electoral transparente.
Ensayar otras soluciones seria conducir a la sociedad hondureña hacia un escenario que desembocaría en un régimen autoritario zelayista, algo muy probable, si juzgamos por el irrespeto a la Constitución de Honduras demostrado por el expresidente con su “Cuarta Urna”.
Confiar en una persona como Zelaya sería un error. Nunca nadie que ha confiado en los de su calaña ha salido a la larga premiado. Quien tenga dudas, que mire donde está hoy el General Isaías Baduel, quien fuera gran defensor de Hugo Chávez.*
El comportamiento de la comunidad internacional ha sido penoso. La hipocresía se ha cebado con los hondureños mientras mira hacia otro lado frente a graves y latentes violaciones a los derechos humanos como las ocurridas en Irán.
Quizás los hondureños deban plantearse por ahora varios puntos:
Quien resiste en lo mucho también lo hace en lo poco, por tanto, pueden aguantar hasta el día de las elecciones.
Que se puede vivir sin las ayudas económicas internacionales, que la mayoría de las veces caen en el gran hueco de la corrupción.
Que se puede prescindir de la participación del país en determinadas organizaciones internacionales.
Lo de Honduras es ante todo una cuestión de tiempo, de transparencia y de no confiar en quienes su salario depende de la voluntad de Hugo Chávez (o del bloque chavista) o de aquellos que no perderían el sueño si en Honduras imperara una dictadura de izquierda.
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