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Immanuel Kant contra Israel
Escrito por Daniel Pipes   
Viernes 27 de Agosto de 2010 00:20
Immanuel Kant, el filósofo germano, 1724-1804.

Immanuel Kant, el filósofo germano, 1724-1804.

Como alguien que aprecia profundamente lo que la civilización occidental ha logrado a pesar de todos sus fallos, me deja perplejo la hostilidad que albergan muchos occidentales hacia su estilo de vida. Si la democracia, el libre mercado y el estado de derecho han creado una estabilidad, una riqueza y una decencia sin precedentes; ¿cómo tantos de sus beneficiarios no logran ver esto?

¿Por qué, por ejemplo, despierta tanta hostilidad Estados Unidos, que tiene tanta responsabilidad en ese bienestar humano? Y el pequeño en Israel, símbolo del rejuvenecimiento de un pueblo oprimido a perpetuidad -- ¿por qué engendra un odio tan apasionado que gente por lo demás decente quiere destruir este estado?
 
Yoram Hazony, del Centro Shalem de Jerusalén, ofrece una explicación de este antagonismo en un ensayo profundo y prolífico en implicaciones, "Israel a través de ojos europeos".

Empieza con la noción del "cambio paradigmático" desarrollada por Thomas Kuhn en su estudio de 1962, La estructura de las revoluciones científicas. Este influyente concepto sostiene que los científicos ven el objeto de su estudio dentro de un marco concreto, el "paradigma". Los paradigmas son marcos de estudio que destacan una interpretación de la realidad. Los datos que no encajan en el paradigma se pasan por alto o son desechados. Kuhn examina la historia de la ciencia y demuestran la forma en que, en una serie de revoluciones científicas, el paradigma cambia, como en el paso de la física aristotélica a la física einsteiniana pasando por la newtoniana.

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Bajo el oprobio
Escrito por Mario Vargas Llosa   
Lunes 23 de Agosto de 2010 19:06
Irène Némirovsky en 1928, a los 25 años.

Irène Némirovsky en 1928, a los 25 años.

En su conmovedora novela 'Suite francesa', Irène Némirovsky retrató de forma persuasiva, lúcida y sentida los alcances de la barbarie nazi para los seres comunes y corrientes

Irène Némirovsky conoció el mal, es decir el odio y la estupidez, desde la cuna, a través de su madre, belleza frívola a la que la hija recordaba que los seres humanos envejecen y se afean; por eso, la detestó y mantuvo siempre a una distancia profiláctica. El padre era un banquero que viajaba mucho y al que la niña veía rara vez. Nacida en 1903, en Kiev, Irène se volcó en los estudios y llegó a dominar siete idiomas, sobre todo el francés, en el que más tarde escribiría sus libros. Pese a su fortuna, la familia, por ser judía se vio hostigada ya en Rusia en el tiempo de los zares, donde el antisemitismo campeaba. Luego, al triunfar la revolución bolchevique, fue expropiada y debió huir, a Finlandia y Suecia primero y, finalmente, a Francia, donde se instaló en 1920. También allí el antisemitismo hacía de las suyas y, pese a sus múltiples empeños, ni Irène ni su marido, Michel Epstein, banquero como su suegro, pudieron obtener la nacionalidad francesa. Su condición de parias sellaría su ruina durante la ocupación alemana.

En los años veinte, las novelas de Irène Némirovsky tuvieron éxito, sobre todo, David Golder, llevada al cine por Julien Duvivier, le dieron prestigio literario y fueron elogiadas incluso por antisemitas notorios, como Robert Brasillach, futuro colaboracionista de los nazis ejecutado a la Liberación. No eran casuales estos últimos elogios. En sus novelas, principalmente en David Golder, la autora recogía a menudo los estereotipos del racismo antijudío, como su supuesta avidez por el dinero y su resistencia a integrarse en las sociedades de las que formaban parte. Aunque Irène rechazó siempre las acusaciones de ser un típico caso del "judío que odia a los judíos", lo cierto es que hubo en ella un malestar y, a ratos, una rabia visceral por no poder llevar una vida normal, por verse siempre catalogada como un ser "otro", debido al antisemitismo, una de las taras más abominables de la civilización occidental. Eso explica, sin duda, que colaborara en revistas como Candide y Gringoire, fanáticamente antisemitas. Irène y Michel Epstein comprobaron en carne propia que no era fácil para una familia judía "integrarse" en una sociedad corroída por el virus racista. Su conversión al catolicismo en 1939, religión en la que fueron bautizadas también las dos hijas de la pareja, Denise y Elizabeth, no les sirvió de nada cuando llegaron los nazis y dictaron las primeras medidas de "arianización" de Francia, a las que el Gobierno de Vichy, presidido por el mariscal Pétain, prestó diligente apoyo.

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Revuelta, revolución, rebelión
Escrito por Octavio Paz   
Sábado 21 de Agosto de 2010 14:15
Octavio Paz

Octavio Paz

En castellano se usa poco la palabra revuelta. La mayoría  prefiere revolución y rebelión. A primera vista lo contrario habría sido lo natural. Revuelta es más popular y expresiva. En 1611 Covarrubias la definía así: “rebolver es ir con chismerías de una parte a otra y causar enemistades y quistiones: y a éste llamamos rebolvedor y reboltoso, rebuelta la cuestión” (Joan Corominas. Diccionario crítico etimológico de la lengua castellana). Los significados de revuelta son numerosos, desde segunda vuelta hasta confusión y mezcla de una cosa con otra; todos están regidos por la idea de regreso asociada a la de desorden y desarreglo. Ninguna de las acepciones es buena, quiero decir: ninguna dice que la revuelta sea un hecho valiosos.En una sociedad como la España del siglo XVII, la revuelta representaba un principio funesto: la confusión de clases, el regreso al caos primitivo, la agitación y desorden que amenaza la fábrica social. Revuelta era algo que disolvía las distinciones en una masa informe. Para Bernardo de Balbuena la civilización consiste en la institución de las jerarquías, creadora de la necesaria desigualdad entre los hombres; la barbarie es el retorno a la naturaleza: a la igualdad. No es fácil determinar cuándo empezó a usarse la palabra revuelta con la significación de levantamiento espontáneo del pueblo. Según Corominas la historia de la acepción alboroto o alteración del orden social está por hacer. En francés aparece hacia 1500, en el sentido de “cambio de partido” y sólo hasta un siglo después adquiere el significado de rebelión. Aunque el diccionario de Littré indica que viene del italiano rivoltare (volver al revés), Coromis pensa tal vez que sea de procedencia catalana: revolt, temps de revolt. Cualquiera que sea su origen, la mayoría escribe y dice revolución o rebelión cuando se refiere a disturbios y sublevaciones públicos. Revuelta se deja para significar motín o agitación sin propósito definido. Es una palabra plebeya.

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Words
Escrito por Tony Judt   
Viernes 20 de Agosto de 2010 18:22

words6I was raised on words. They tumbled off the kitchen table onto the floor where I sat: grandfather, uncles, and refugees flung Russian, Polish, Yiddish, French, and what passed for English at one another in a competitive cascade of assertion and interrogation. Sententious flotsam from the Edwardian-era Socialist Party of Great Britain hung around our kitchen promoting the True Cause. I spent long, happy hours listening to Central European autodidacts arguing deep into the night: Marxismus, Zionismus, Socialismus. Talking, it seemed to me, was the point of adult existence. I have never lost that sense.

In my turn—and to find my place—I too talked. For party pieces I would remember words, perform them, translate them. "Ooh, he’ll be a lawyer," they’d say. "He’ll charm the birds off the trees": something I attempted fruitlessly in parks for a while before applying the admonition in its Cockney usage to no greater effect during my adolescent years. By then I had graduated from the intensity of polyglot exchanges to the cooler elegance of BBC English.

The 1950s—when I attended elementary school—were a rule-bound age in the teaching and use of the English language. We were instructed in the unacceptability of even the most minor syntactical transgression. "Good" English was at its peak. Thanks to BBC radio and cinema newsreels, there were nationally accepted norms for proper speech; the authority of class and region determined not just how you said things but the kind of things it was appropriate to say. "Accents" abounded (my own included), but were ranked according to respectability: typically a function of social standing and geographical distance from London.

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Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca.
Jorge Luis Borges

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