García Lorca junto a su madre en una imagen de 1936.
"Lo sabe todo el mundo, es decir, en esta ocasión el mundo entero: Federico García Lorca fue una criatura extraordinaria". Así describe Jorge Guillén al poeta de Granada, de cuya muerte hoy se cumplen 75 años, una fecha que, más allá de polémicas, sirve para volver a la grandeza e influencia de su obra.
Poetas consagrados y de todas las generaciones coinciden en la magnitud del poeta, al que algunos consideran no como "un escritor contemporáneo sino como un poeta descolgado del tiempo, un clásico", como dice el poeta granadino Luis Muñoz.
Y todos ellos, desde Francisco Brines, Antonio Colinas, Javier Lostalé, Ignacio Elguero, Luis Muñoz y hasta los más jóvenes, Carlos Pardo o Elena Medel han resaltado a Efe su obra extraordinaria y experimental, y su influencia, para algunos como un "padecimiento", no como "un don", porque es un poeta de "voz única e inimitable", como dice Colinas.
El gigante tecnológico de Steve Jobs ha recortado 50.000 millones de dólares en 20 días
La compañía estadounidense de tecnología fundada por Steve Jobs, Apple, sigue avanzando imparable en crecimiento y en expansión. La firma de la manzana se convirtió ayer durante varias horas en la mayor empresa del mundo por capitalización bursátil, es decir, la más valiosa del mercado, superando a la petrolera Exxon Mobile, también estadounidense, aunque a última hora Exxon remontó y cerró ligeramente por encima.
Se veía venir desde hacía ya algunas semanas. Las duras jornadas que se están viviendo en las Bolsas de todo el mundo están azotando con especial crudeza a los títulos de energía y materias primas, por lo que las pérdidas de Exxon han sido mucho más notables que las de Apple.
La tecnológica cerró ayer subiendo el 5,89%, disputándole abiertamente el liderazgo a la petrolera, que cerró con ganancias de aproximadamente el 2%.
Me da gusto decir que coincido plenamente con la idea central que expresa Jorge Castañeda en su libro Mañana o pasado: el misterio de los mexicanos (México, 2011): la modernización de México choca abiertamente con el llamado carácter nacional de los mexicanos, lo que ha provocado una profunda crisis cultural: “Hay una desconexión entre algunos rasgos del carácter nacional y la realidad del país”, afirma Jorge Castañeda. El tema del carácter nacional ha sido tradicionalmente esgrimido por la derecha tanto en Europa como en Estados Unidos. Allí sigue siendo un asunto que los conservadores sacan a relucir cuando creen que las identidades nacionales se encuentran en peligro de extinción debido a la avalancha de emigrantes. En América Latina ha sido con frecuencia la izquierda quien ha exaltado el carácter nacional y ha señalado que está amenazado. En México esta exaltación ha formado parte de la política nacionalista revolucionaria instituida por los gobiernos autoritarios durante siete décadas.
Cuando yo abordé este tema hace más de un cuarto de siglo me topé con la indiferencia, si no es que el menosprecio, de muchos intelectuales y políticos. Casi nadie creía en aquella época que el carácter nacional de los mexicanos era un grave problema que los había encerrado en una jaula melancólica y que se había convertido en un mito muy eficiente para legitimar el poder autoritario, pero ineficiente para legitimar a racionalidad de la fábrica moderna. Muy pocos creían, como lo afirmé insistentemente, que el mito del carácter nacional había quedado herido desde 1968 y que había iniciado una saludable aunque penosa decadencia, lo que pronosticaba que la legitimidad del sistema se iría erosionando. Efectivamente, al cabo de los años el sistema autoritario entró en una crisis que abrió paso a la transición democrática. La cultura nacional había ofrecido a los mexicanos un paradigma nacionalista unificador cuyo emblema, en mi análisis irónico, era un axolote, cuya metamorfosis moderna había sido frustrada por un carácter nacional melancólico. Concluí que cada vez había más mexicanos que habían sido arrojados del paraíso originario, y también habían sido expulsados del futuro: “Han perdido su identidad, pero no lo deploran: su nuevo mundo es una manzana de discordias y contradicciones. Sin haber sido modernos, ahora son desmodernos: ya no se parecen al axolote, son otros, son diferentes”. Estos son los nuevos mexicanos, o postmexicanos, que ayudaron a cambiar las cosas a fines del siglo pasado y que contribuyeron a derribar al antiguo régimen. No son mayoría, pero son muchos. No forman un grupo cohesionado y están dispersos, pero su presencia se percibe en muchos ámbitos, en los partidos, en los barrios, en las universidades, en las escuelas, en las oficinas, en las fábricas y entre los emigrantes que van a Estados Unidos.
El cineasta que lleva a la pantalla una novela tiene siempre dos enemigos encarnizados, el autor y el lector del libro. Simpatizo más con las decepciones del segundo; el primero tendría que ser consciente de que al vender los derechos de su obra, baratos o caros, está vendiendo también el derecho a la traición. ¿Quién compensa sin embargo a los lectores fieles que, tratando de recrear en imágenes el placer que le dieron las páginas publicadas, compra su entrada, se sienta en una sala y empieza -generalmente- a sufrir y a despotricar? El problema se agrava cuando el lector, más que un entusiasta del libro adaptado, es un fanático. Todo ‘fan' suele ser fatal.
Fui testigo presencial hace algo más de dos años, en una ciudad peregrina, del ansia por acercarse a Haruki Murakami que sus entusiastas mostraban, hasta el punto de guardar colas de muchas vueltas y muchas horas, todos con algún libro suyo en la mano. Murakami, un hombre tímido pero nada arrogante, recibía en Santiago de Compostela el premio Arcebispo Juan de San Clemente que, pese a su solemne nombre episcopal, es el que los estudiantes gallegos de último año de bachillerato conceden cada año en tres modalidades. Mi novela ‘El abrecartas' había obtenido el premio en castellano, y Murakami, famoso por su reticencia pública, se desplazó desde Tokio, vencido por la persuasión de los institutos, a la simultánea entrega del suyo a ‘Kafka en la orilla'; la expectación fue tal que hubo que regular el tráfico de admiradores, a algunos de los cuales les entristeció que el japonés acabara imponiendo un veto al posado del teléfono móvil, penúltima tortura de la modernidad tecnológica.
Fui, por tanto, a ver ‘Tokio blues', la película de Tran Anh Hung sobre el libro de Murakami (llamado originalmente ‘Norwegian Wood', como la canción de los Beatles), con una precaución compasiva, pero, quizá porque yo sólo soy un gran admirador de esa novela pero no un fanático, salí del cine sin rencor ninguno, y satisfecho. Ni siquiera la filigrana formal que marcaba (casi siempre con refinada belleza) las dos anteriores películas de Hung que conozco, ‘El olor de la papaya verde' (1993) y ‘Cyclo' (1995), se deja notar en este caso, como si el director, conteniendo su vena esteticista, hubiera querido centrar su relato en la seca tensión romántica del libro y en la desnudez del estilo de Murakami.
Carlos Alberto Montaner, estará firmando ejemplares de su libro LA MUJER DEL CORONEL
Librería Universal tiene el gusto de informar que el próximo sábado 13 de agosto entre 1 y 3 de la tarde el escritor Carlos Alberto Montaner, estará firmando ejemplares de su libro LA MUJER DEL CORONEL.
Carlos Alberto Montaner nació en La Habana. Vive en Madrid desde 1979. Escritor, periodista, profesor, conferencista ha publicado vinticinco libros y miles de artículos y ensayos en numerosos diarios de España, Estados Unidos y América Latina.
Ésta es u tercera novela, Las dos anteriores se titularon Perromundo –llevada al cine– y 1898: La Trama. Entre sus obras más conocidas y traducidas están Manual del perfecto idiota latinoamericano, El regreso del idiota (ambas escritas junto a Álvaro Vargas Llosa y Plinio Apuleyo Mendoza; La libertad y sus enemigos; Las raíces torcidas de América Latina; Las columnas de la libertad y Los latinoamericanos y la cultura occidental. También ha publicado importantes libros sobre Cuba como son Los cubanos historia de Cuba en una lección; Viaje al corazón de Cuba y muchos otros.
En la novela Nuria, una atractiva psicóloga cubana de cuarenta años, es la mujer del coronel Arturo Gómez, un tipo duro y heróico al que ama. Pero en un breve viaje a Italia, adonde acude a dictar una conferencia, su vida dará un vuelco radical tras conocer al profesor Martinelli, un erotómano consumado.
Jóvenes talentos olvidados con el paso del tiempo, como Little Murray and The Mantics, que nunca firmaron un éxito para las emisoras de radiofórmula. Formaciones con el potencial deslumbrante de Step By Step, Jr. & His Soulettes y Jack & The Mods, que se quedaron a las puertas de firmar un contrato discográfico de postín. Grupos prefabricados como los 3 Stars que no tuvieron acceso a publicistas, estilistas o coreógrafos de primera fila. Aspirantes a estrellas como Altyrone Deno Brown, eclipsado por los Jackson 5 e igualmente víctima del afán crematístico de un progenitor con delirios de grandeza.
Diecisiete ejemplos de carreras truncadas y sueños rotos. Lo primero que llama la atención es la variedad de registros de la que hacen gala los jóvenes cachorros del soul, atacando con solvencia tanto rythm’n’blues como funk e incluso algo de jazz con un puntito de rap. Sin ir más lejos, el "Trust Your Child Pt.1" de Patrizia & Jimmy es puro Gil Scott-Heron, mientras que el rompepistas "Here’s Some Dancers" de Eight Minutes da qué pensar sobre el carácter pionero de sus vecinos de Indiana, los hermanos Jackson. Pero al menos en una cosa fueron más afortunados que ellos: sus familias rechazaron ofertas tentadoras de varios sellos discográficos y decidieron devolver a los críos a las aulas. "Pienso que fue lo mejor", recapacita uno de ellos. "Jugué al baseball como un chico normal. Michael no".
... y la soledad suelen provocar desenlaces inesperados. Nuria, una atractiva psicóloga cubana de cuarenta años, es la mujer del Coronel Arturo Gómez, quien se encuentra al frente de sus tropas en Angola. Ella nunca se imaginó que un breve viaje a Italia, donde acude a dictar una conferencia, cambiaría su vida. Allí, Nuria conoce al profesor Martinelli y los dos se pierden en un juego cargado de erotismo y sensualidad. A cada encuentro amoroso le seguían cartas eróticas que Nuria pensó había destruido. Nunca pudo suponer que esas cartas caerían en manos de la contrainteligencia cubana.