Jean-Paul Sartre (right) and Albert Camus [Cecil Beaton/Conde Nast Archive — Corbis]
In December 1944, Albert Camus, then editor of Combat, the main newspaper of the French Resistance, made Jean-Paul Sartre an offer he couldn’t refuse: the job of American correspondent. Perhaps, in light of the perpetual tension and subsequent acrimonious split between the two men, he was glad to get him out of Paris. What is certain is that Sartre was delighted to go. He’d had enough of the austerities and hypocrisies of post-liberation France and had long fantasized about the United States. Camus himself would make the trip soon after, only to return with a characteristically different set of political, philosophical and personal impressions.
Escultura de Mafalda, en el estudio de Quino, poco antes de que la instalaran en una plaza del barrio San Telmo de Buenos Aires. / EFE
El próximo martes cumple 80 años Quino, el genial caricaturista argentino creador de Mafalda. Ofrecemos una original versión de su recorrido.
- A de ajedrez
Mafalda y Felipe juegan al ajedrez; Guille pregunta si en ese juego pueden ganar los dos y ellos le responden al unísono: "No, uno solo". Y Guille: "¿Y el otro pada qué juega?".
A veces me pregunto, realmente los que tienen a su cargo dentro de la Post de una película, la realización de sus créditos, tanto los delanteros como de cierre, tienen en cuenta el cuidado de esto? Porque en un filme, se deben de tener puestos todos los sentidos, todo los conocimientos del Diseño, todo en un filme es importante, desde la primera hasta la última imagen, todo es tan importante como la trama misma, las actuaciones, la fotografía, el montaje, la música, todo¡¡¡ Y los créditos casi siempre son los primeros y los últimos en aparecer.
Hay quienes se reúnen a conversar con amigos, y se alegran de verse y de participar en las noticias, ocurrencias y opiniones que van tejiendo la conversación. No fácilmente admiten a desconocidos, y menos aún si llevan algún propósito. En una tertulia, el fin de la reunión es la reunión.
Pero las reuniones pueden mediatizarse con fines ulteriores: que las buenas ideas y los buenos amigos y los buenos oficios tejan algo más que una conversación: redes de relaciones y de ascenso. Las reuniones, entonces, no son tertulias, sino paréntesis de respiro y planeación de los trepadores on their way up.
Last Nov. 8, a giant asteroid made a close pass to the Earth. NASA issued reassuring public statements, but I’m not so sure. It’s about the size of an aircraft carrier. O.K. That seems pretty big to me. Do you mean, I shouldn’t worry about being hit by a meteor the size of an aircraft carrier? Wouldn’t that hurt? When I was an undergraduate at the University of Wisconsin, there was a psycho killer on campus. A young woman was slashed to death outside her dormitory. Dr. Seymour Halleck, the head of student health psychiatry, made a statement. As I remember it, he said, "There is no need to worry. It’s just another instance of random violence." I feel the same way about asteroids.
According to Vorchester.com, a Web site devoted to "news of the unusual, unexplained, and underreported" (both the original article and Vorchester.com have disappeared from the Internet.):
El gobierno de Raúl Castro, resuelto a incorporarlo todo, en una suerte de gula simbólica, decidió tolerar la canonización del escritor cubano, en el centenario de su nacimiento. El mismo Estado que lo marginó y silenció
Luego de décadas de silenciamiento o relegación, el escritor cubano Virgilio Piñera (1912-1979) ocupa un sitio referencial en la literatura cubana contemporánea. Los avatares del canon nacional de las letras se cumplen, como en pocos autores latinoamericanos del siglo XX, en este poeta, dramaturgo y narrador, nacido hace 100 años en Cárdenas, Matanzas. Los atributos de Piñera que molestaban al Estado cubano, hace apenas 20 años, son los mismos que le han ganado una presencia tutelar, cada vez más discernible entre las últimas generaciones de escritores de la isla y la diáspora.
... y la soledad suelen provocar desenlaces inesperados. Nuria, una atractiva psicóloga cubana de cuarenta años, es la mujer del Coronel Arturo Gómez, quien se encuentra al frente de sus tropas en Angola. Ella nunca se imaginó que un breve viaje a Italia, donde acude a dictar una conferencia, cambiaría su vida. Allí, Nuria conoce al profesor Martinelli y los dos se pierden en un juego cargado de erotismo y sensualidad. A cada encuentro amoroso le seguían cartas eróticas que Nuria pensó había destruido. Nunca pudo suponer que esas cartas caerían en manos de la contrainteligencia cubana.