| Haití: levantarse de las ruinas |
| Escrito por Mirta Ojito | |||
| Domingo 24 de Enero de 2010 00:00 | |||
![]() Haití, el rostro del dolor (Newsweek) Un avión de carga de la Fuerza Aérea de Estados Unidos sobrevuela Puerto Príncipe cinco horas al día, cada día, equipado con transmisores de radio y transmitiendo, en creole, un solo mensaje: quédense en su país. Ni piensen en venir a Estados Unidos porque los norteamericanos los interceptarán y los enviarán de vuelta. De vuelta a la muerte y la devastación. Al hambre y las enfermedades. A la desesperanza. Las últimas tres oraciones son mi interpretación de los sucesos. Los norteamericanos no serían tan insensibles. Ni tan honestos. Al mismo tiempo, la revista Newsweek trae esta semana un ensayo escrito por el presidente Obama, en el que nos asegura que "los Estados Unidos de América estarán a la cabeza del mundo en esta tarea humanitaria''. La tarea de la que habla no es otra que ayudar "al pueblo de Haití a seguir en su camino hacia un futuro más brillante''. Como suele decirme mi hijo adolescente: "Que te vaya bien con eso''. No es que no crea que los haitianos tienen la fiera voluntad de reconstruir y seguir adelante, y quizá hasta salir de esta tragedia como una nación más vigorosa. "La nación que debíamos ser'', como me dijo una amiga haitiana la semana pasada. Y no es que no crea al presidente Obama cuando dice que Estados Unidos seguirá comprometido "en los meses y años venideros, cuando los temblores se calmen y Haití ya no esté en los titulares ni en los noticieros vespertinos''.En realidad, el gobierno y el pueblo de Estados Unidos han sido extremadamente generosos. Ya se han recaudado millones de dólares con un simple mensaje de texto y una sola palabra esperanzadora: Haití. Otros métodos más tradicionales de recaudar dinero también han tenido resultados igualmente extraordinarios. Varias ciudades han enviado médicos y equipos de búsqueda y rescate. El Ejército aterrizó tan pronto como pudo, así como la Marina, los Marines y la Guardia Costera. Cientos de civiles --de todos los sectores de la sociedad-- ya están allí o están en camino. (Es más, incluso antes del terremoto, Haití tenía más organizaciones no gubernamentales en su territorio per cápita que cualquier otro país). La secretaria de Estado, Hillary Clinton, estuvo en el país, estrechó las manos que debía estrechar y posó para los fotografías que se debía tomar. Y todo eso es bueno. Pero las necesidades de Haití son tan vastas, tan complejas, tan urgentes y tan endémicas que va a hacer falta mucho más que buena voluntad y millones en ayuda de Estados Unidos para poner en marcha de nuevo a ese país, y ponerlo en marcha en una dirección que le permita quitarse de encima el letrero de ``país más pobre del hemisferio y uno de los más pobres del mundo''. "Incluso antes de esto, ya éramos los mendigos del mundo'', me dice mi amiga, y es evidente que no le gusta admitirlo. Lo que se lee entre líneas en todo lo que he leído sobre Haití y sobre la posición que este gobierno parece estar adoptando en el hemisferio es que, sí, Estados Unidos ayudará, pero no, no lo hará todo ni solo. La relación que el gobierno de Obama parece estar fomentando con sus vecinos es precisamente una relación de buena vecindad: te ofrezco una taza de azúcar, hasta dos, pero tú horneas tus propios pasteles, y no me pidas que te invite a cenar, por favor. Tenemos la mesa llena. Teniendo en cuenta la historia de las relaciones entre Estados Unidos y América Latina y el Caribe --que en diversos momentos y en diversos países ha sido desde paternalista e indiferente hasta una fuerza desestabilizadora y un ejército invasor-- un buen vecino que ayuda pero no se entromete no es malo. Las voces norteamericanas oficiales que vienen de Haití, aun cuando llenan el gran vacío que ha dejado un gobierno haitiano prácticamente colapsado, se esfuerzan por explicar que están allí para facilitar las cosas, no como policías. Y los haitianos parecen desearlo de esa manera. Quédense por ahora, dicen, pero váyanse a casa cuando estemos otra vez de pie. Otros van a tener que ponerse al frente. Y podría ser muy bien el pueblo de Haití. Ya lo han hecho antes --independizándose de sus colonizadores antes que cualquier otro país en el Caribe-- y pueden hacerlo otra vez. Pero con mucha ayuda. Es una combinación de personas ayudando a los necesitados, y de haitianos ayudándose a sí mismos la que levantará a ese país de las ruinas y de la miseria que lo devastaba incluso antes de que la capital se derrumbara. "Esta es nuestra última oportunidad'', me dice mi amiga en Nueva York. Y también me dijo que hará las maletas pronto para regresar a su país. "Si no lo hago yo, ¿quién?''
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