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Óscar Arias Sánchez
Presidente de la RepúblicaCasa Presidencial,
Zapote10 de marzo de 2010
Estimados miembros de la prensa nacional e internacional, amigas y amigos:
He venido a sumar mi voz a un coro de indignación que recorre buena parte de nuestra América y del mundo. El pasado 23 de febrero, mientras los líderes latinoamericanos nos encontrábamos reunidos en Cancún, hablando sobre democracia y libertad, murió en La Habana Orlando Zapata Tamayo, opositor del régimen castrista y preso político desde hace 7 años.
Una huelga de hambre de 86 días no fue suficiente para convencer al Gobierno cubano de que era necesario preservar la vida de esta persona, por sobre cualquier diferencia ideológica. 86 días no fueron suficientes para mover a compasión a un régimen que se vanagloria de su solidaridad, pero que en la práctica aplica esa solidaridad únicamente a sus simpatizantes.
Nada podemos hacer ahora para salvar a este disidente, pero podemos aún alzar la voz en nombre de Guillermo Fariñas Hernández, que desde hace 14 días se encuentra en huelga de hambre en Santa Clara, pidiendo la liberación de otros presos políticos cubanos, en particular de aquellos en precario estado de salud.
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