| La recta final |
| Escrito por Armando Durán | |||
| Miércoles 08 de Febrero de 2012 20:59 | |||
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Ahora sí. Sólo 5 días más y llegamos a ese punto crucial tan esperado por muchos de elegir al candidato opositor que enfrentará a Hugo Chávez en las urnas del 7 de octubre. Sólo 5 días más para lanzarnos de lleno a la compleja tarea de recorrer juntos y unidos la recta final de una carrera cuyo desenlace significará, sin la menor duda, un cambio de rumbo drástico del proceso político venezolano. En una o en otra dirección. Sin duda, la oposición arranca con dos ventajas decisivas, el descalabro de un gobierno que no sirve para nada y el compromiso, al parecer inquebrantable, de mantenerse unida contra viento y marea. Dos hechos que facilitan la creencia de que el mandado está hecho y, en consecuencia, que da lo mismo votar este domingo por cualquier precandidato. O peor aún, que se hace innecesario votar en las primarias. Tremendo error. Acudir el domingo a los centros de votación es una forma temprana de demostrarle a Chávez la fuerza de la convicción opositora. Por otra parte, es la oportunidad de destacar que dentro de la unidad existe una sana y democrática diversidad de criterios. Para nadie es un secreto que esta siempre elusiva unidad se debe al reconocimiento que finalmente hicieron los viejos partidos de su escasa importancia en el actual universo político venezolano. Su renuncia a la identidad partidista ha propiciado este dejar de lado una manera infructuosa de hacer política en tiempos difíciles. Un sacrificio, sin embargo, que ha dado lugar a una estrategia mucho más problemática, basada en la obsesión de algunos por eludir a toda costa la confrontación con Chávez y el chavismo. Algo así como denunciar un crimen horrendo y no mencionar al criminal. Construida sobre este vacilante fundamento, la unidad opositora no es tan compacta como se supone. En gran medida, esta realidad ha generado una situación tensa en el seno de la oposición. No la que señalan Teodoro Petkoff y Henry Ramos a raíz de la alianza de Henrique Capriles y Leopoldo López cuando señalan que así se reconoce que el bloque opositor está dividido en dos grupos, uno de derecha y otro de izquierda, caracterización que no toma en cuenta que esa diferencia ideológica entre los partidos políticos de la oposición dejó de existir hace mucho. Lo que sí se ha puesto de manifiesto en el curso de las últimas semanas es que las peras y las manzanas, por mucho esfuerzo que se haga, no serán nunca una misma fruta. No se trata de que unos precandidatos sean de un color y otros de otro, como pretenden absurdamente Petkoff y Ramos. La diferencia que los separa no es ideológica sino estratégica, se puso de manifiesto en el primer "debate" a partir de la posición asumida por Diego Arria y desde entonces se ha hecho más que evidente. Capriles y Pérez comparten el argumento de que el gobierno de Chávez es un mal gobierno y nada más, pero Machado, Arria y Medina, cada cual a su manera, advierten que la política y la ideología son los centros neurálgicos de la gran crisis nacio-nal. Según ellos, el reto no es cambiar un gobierno malo por otro mejor, sino cambiar de régimen para poder impulsar la restauración de los mecanismos habituales de la democracia liberal. En el caso de Arria y Medina recurriendo incluso a una nueva Constituyente para legitimar los poderes públicos y refundar la República, en el de Machado, la Constituyente también, pero sólo como una alternativa válida en caso de que los derrotados decidan convertirse en un obstáculo para la marcha normal del nuevo gobierno. En otras palabras, para Machado, Arria y Medina, el régimen chavista no es democrático y sus acciones, las del CNE y los demás poderes públicos, y las que pueda tomar una Fuerza Armada cuyos jefes se identifican públicamente, no con los intereses de la República sino con los de Chávez, no responden a las líneas maestras que fija la Constitución ni responden a las expectativas más naturales de cualquier proceso político mínimamente democrático. Para Capriles y Pérez, en cambio, no existe problema político alguno que exija ser solucionado con urgencia para hacer viable una transición de la que, por otra parte, ninguno de los tres ha querido mencionar ni de pasada. El domingo, pues, la oposición tiene que ir a votar. Llueve, truene o caigan rayos y centellas. Para demostrar la fuerza y la convicción de las fuerzas democráticas, pero también porque de ningún modo da lo mismo votar por uno o por otro candidato. Una vez más, del voto soberano de la Venezuela opositora dependerá la naturaleza de la recta final que comienza ahora y el destino final de la nación.
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